En el 2009, comenzamos un largo entusiasta y tedioso proyecto de investigación para acceder al estatus de "licenciadas". Fluctuantes y tenaces, a la vez, convinimos en desarrollarlo en conjunto con una cooperativa de trabajo de la ciudad de La Plata, dedicada a la producción de distintos tipos de papel.
La Unión Papelera Platense es una empresa recuperada por sus trabajadores en el año 2001 y cumple con todos los requisitos para ser un caso de éxito político o un fracaso total.
Pero ¿de qué depende eso?
Podría resumirse en: querer ser cooperativista en un mundo de capitalismo descarnado. O al menos, en querer sostener un laburo, sin que te hinchen las pelotas los jefes.
Pero a diferencia de lo bienaventuradas que han sido las crónicas periódisticas sobre estos procesos recuperadores, la verdad de la milanesa no es ni tan poética ni tan esperanzadora y mítica. A la hora de sostener la cooperativa, de asumir una responsabilidad compartida, el mito se triza.
Nuestro espíritu idealista nos dijo: es posible.
El tema es ¿cómo la gestión de los sentidos (la comunicación) podría colaborar con este proceso?
Eso es lo que veremos.