Es julio, primeros días. Todo colabora con la posibilidad de terminar la tesis, menos nuestros atemorizados cerebros procreadores de textos. Es julio y en septiembre todo debería estar redactado, gestionado, terminado. Lejos parecía septiembre y apenas restan dos meses incompletos.
Ayer fue toda una hazaña decirle basta al primer y segundo capítulo del gran texto gran. La imaginación es abominable frente a las posibilidades de reanudar lo lógico y posible en las actuales condiciones. En sencillas palabras: no es lo que habíamos soñado, pero es real.
Es difícil hacer una tesis.
Más difícil es que sea como la imaginaste.
Más difícil aún es acabarla.
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