Un jueves frío como los que vienen ocurriendo, fuimos a la cooperativa en cuestión y nos hicieron esperar en portería. Mientras esperábamos, un grupo de alegres estudiantes de trabajo social advinieron inoportunamente. Y digo "inoportunamente" porque ese día, por increíble que pueda parecer, ese día, nosotras habíamos pautado una cita, cita que pensábamos sería exclusiva. Pero, visto y considerando que no fue así, todo se convirtió en una reunión compartida. Y si bien esto podría verse como una posibilidad colectiva de construcción, debo admitir que no me hizo gracia. Y no me hizo gracia estar, después de 2 o 3 años (ya perdí la cuenta), al mismo nivel que nóvismas estudiantes de trabajo social que acuden por obligatoriedad. Sí, la tesis también es obligatoria, pero hay un magma de posibilidades...
La cuestión es que, como puede quedar levemente expresado, estas estudiantes estaban desayunándose algunos temas claves del cooperativismo, con pretensiones de salvar al mundo, sí, las mismas e ingenuas razones que nos motivaron inicialmente a lanzarnos a esta experiencia. Yo tenía chipá en el bolso, pero no les convidé. No me hizo gracia compartir. ¿Será una contradicción?
No he podido dejar de decirlo. No veo cuál es la gracia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario